El escenario se convierte en corte vaticana en una propuesta teatral que desafía las convenciones del género. «Expediente 1492. La última confesión de Colón» funciona los sábados a las 21 en el Centro Cultural de la Cooperación como un tribunal donde Cristóbal Colón es juzgado bajo la mirada atenta de los espectadores.
Basada en una obra de Alejo Carpentier, esta adaptación teatral plantea una pregunta provocadora: ¿debería canonizarse al navegante? La respuesta, sin embargo, no la dan actores ni dramaturgos, sino el público que asiste cada función.
Santiago Ferrigno, uno de los creadores de esta versión escénica, explica que la clave de la propuesta radica en cómo se ha adaptado el material original para generar una experiencia inmersiva. El tribunal no es solo una decoración teatral: funciona como dispositivo narrativo que estructura toda la puesta en escena.
El humor juega un papel fundamental en la propuesta. Lejos de ser superficial, se trata de un humor inteligente que permite abordar cuestiones profundas sobre la historia, la memoria y cómo evaluamos figuras del pasado sin caer en el dramatismo pesado. Esta combinación resulta efectiva para mantener el interés de la audiencia mientras aborda contenidos sustanciales.
Lo más revelador ocurre al cierre de cada función: la votación. Las reacciones que genera este momento han sorprendido incluso a los creadores. Los asistentes, movilizados por lo que presenciaron en escena, emiten sus veredictos de forma inesperada, lo que evidencia que la obra logra tocar fibras reflexivas genuinas.
Esta experiencia teatral demuestra que el formato de tribunal, combinado con participación directa, puede transformar el acto de presenciar teatro en un ejercicio de pensamiento crítico. La audiencia no abandona la sala como mera receptora de una narrativa cerrada, sino como actora de su propia conclusión.
Imagen: cottonbro studio / Pexels – Con informacion de Perfil





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