Hace casi cincuenta años, tres hermanos atravesaban una situación económica muy compleja. Con lo poco que ganaban vendiendo verduras, decidieron incursionar en la producción avícola de forma artesanal. El método era rudimentario: faenaban pollos con sus propias manos, sin contar con instalaciones industriales ni equipamiento sofisticado. Era el comienzo de Bonin.

Desde aquellos primeros días hasta hoy, la trayectoria de la empresa fue de crecimiento sostenido. Bonin se transformó en una avícola con aproximadamente 800 empleados que opera tanto en mercado interno como en circuitos de exportación. La evolución es reflejo de decisiones estratégicas y reinversión constante de ganancias.

La compañía permaneció bajo gestión familiar a lo largo de su desarrollo. Los hermanos Bonin apostaron a incorporar mejoras progresivas: mejor infraestructura, capacitación de personal, adopción de tecnología. Estos cambios permitieron pasar de operaciones manuales de pequeña escala a procesos más eficientes y sistematizados.

Actualmente, la empresa se enfoca en agregar valor a sus productos avícolas. Esta estrategia resulta esencial para competir en mercados globales y acceder a segmentos de mayor rentabilidad. El agregado de valor permite diferenciar oferta y justificar precios más competitivos en exportaciones.

La trayectoria de Bonin ejemplifica un fenómeno frecuente en la agricultura y ganadería argentina: emprendimientos familiares que inician en contextos de penuria económica logran consolidarse como empresas de escala considerable. La persistencia, reinversión y capacidad adaptativa son factores que aparecen en la mayoría de estas historias de éxito. Bonin continúa ampliando operaciones y posicionándose como empresa relevante del sector avícola nacional.

Imagen: Matheus Santana / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo

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