Especialistas remarcan que el fenómeno no afecta solamente a Argentina y aparece en países con contextos muy diferentes. “Es un fenómeno multicausal y complejo” , sostuvo el psiquiatra Carlos Coronel, una mirada compartida por profesionales que analizan la problemática dentro y fuera del país.
El suicidio es un fenómeno que atraviesa países con realidades económicas, políticas y sociales muy diferentes. Argentina forma parte de ese escenario global y, según los especialistas, lo que ocurre en el país no puede analizarse únicamente a partir de una coyuntura local. El propio material remarca que el problema es mundial, aunque su evolución no sea igual en todas las regiones.
Esa diferencia es clave: hablar de un fenómeno global no significa afirmar que los suicidios estén aumentando en todo el planeta. La tasa mundial descendió alrededor de un 35% desde 2000, mientras que las Américas muestran una evolución diferente y registraron un incremento del 17% entre 2000 y 2021. En Argentina, por su parte, los registros disponibles muestran una suba desde 2022.
Un fenómeno que no admite una sola explicación
Los especialistas coinciden en que tampoco existe una causa única detrás de una conducta suicida. Pueden intervenir factores psicológicos, familiares, biológicos, sociales y culturales, además de situaciones como el aislamiento, los trastornos de salud mental, el consumo problemático, la violencia, las pérdidas o las crisis interpersonales y económicas. Ninguno de esos elementos, de manera aislada, permite explicar o predecir un caso.
Demián Rodante, psiquiatra del Hospital Moyano y referente del capítulo de Suicidiología de APSA, lo sintetizó de esta manera: “No existe una única causa de por qué algo tan complejo como el suicidio aumenta. Es una multiplicidad de cosas”. En la misma línea, el psiquiatra Carlos Coronel lo definió como “un fenómeno multicausal, complejo y prevenible”.
La psicóloga y suicidóloga Andrea Temperini también advierte que distintos factores de vulnerabilidad pueden acumularse y que no corresponde atribuir automáticamente un suicidio a una separación, una pérdida o un problema económico puntual. Marcelo Cetkovich, por su parte, remarca que se trata de un fenómeno mundial que no afecta solamente a Argentina y que responde a diversos factores, entre ellos las barreras para acceder a cuidados de salud mental.
Jóvenes, vínculos y un nuevo entorno digital
Dentro de ese escenario, los especialistas también ponen el foco en las transformaciones que atraviesan las nuevas generaciones. La soledad, la falta de sueño, la presión social, el debilitamiento de los vínculos presenciales y determinadas experiencias negativas en internet pueden potenciar vulnerabilidades preexistentes. Sin embargo, la evidencia disponible no permite sostener que el celular o las horas de pantalla, por sí solos, provoquen una conducta suicida.
El abordaje, entonces, apunta a evitar explicaciones simplistas. Argentina enfrenta una expresión local de una problemática global y multicausal, en la que pueden confluir factores personales, familiares, sociales, económicos y culturales. Por eso, el eje de la prevención está puesto en fortalecer los vínculos, las redes de apoyo, la detección temprana y el acceso a la atención profesional.





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