Las mesadas de cocina han dejado de ser un simple elemento funcional para convertirse en protagonistas del diseño de interiores. En este escenario, el cuarzo ha irrumpido con fuerza, desplazando gradualmente la hegemonía que durante años ejerció el mármol en estos espacios.
Las razones de este giro son múltiples y prácticas. Primero, la resistencia al desgaste diario es considerablemente mayor en el cuarzo. Las cocinas demandan un material que aguante manchas, arañazos y el uso intenso sin deteriorarse visiblemente. El mármol, por su naturaleza porosa, se mancha fácilmente y requiere mantenimiento constante para evitar que se deteriore.
Pero hay más. La paleta de colores y texturas disponibles en cuarzo es infinitamente superior a la que ofrece el mármol natural. Los fabricantes han desarrollado tecnologías que permiten crear acabados que replican desde granito hasta hormigón pulido, pasando por tonos sólidos de cualquier matiz imaginable. Esta capacidad de personalización ha atraído a diseñadores y propietarios que buscan expresar su identidad en el hogar.
El mantenimiento también juega a favor del cuarzo. No necesita sellado anual ni tratamientos especiales para conservar su protección. Un paño húmedo y productos de limpieza comunes son suficientes para mantenerlo impecable.
Desde la perspectiva de la inversión, el cuarzo representa mejor valor a largo plazo. Aunque el costo inicial puede ser similar al del mármol de calidad, la durabilidad superior y los menores gastos de mantenimiento lo hacen más económico durante los años de uso.
A pesar de esto, el mármol aún conserva adeptos entre quienes valoran la exclusividad de sus vetas naturales y el prestigio histórico del material. Sin embargo, los números de mercado hablan claro: el cuarzo es hoy la opción dominante en reformas de cocinas en toda la región.
Imagen: Pineapple Supply Co. / Unsplash – Con informacion de La Nación





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